Una biblioteca es como una mina de oro

A veces uno pasa frente a un canasto de basura y se encuentra con tristeza un grupo de libros tirados. Esto ocurre bastante a menudo, y casi nunca nos atrevemos a revisar el contenido de estos libros y a llevarnos algunos a casa. Y es que revolver la basura puede ser un poco vergonzoso en nuestra sociedad, pero lo cierto es que nada puede ser más vergonzoso que desechar un libro.

Los libros son muy importantes en la formación de los individuos. Muchas veces lo que somos está marcado por las lecturas que hemos hecho y lo que hemos aprendido de ellas. Por eso los regímenes represivos han prohibido ciertas lecturas, porque hacen pensar y eso es peligroso.

 

Tener una biblioteca es como tener una mina de oro. En ella están de seguro los libros que leímos de pequeños y que recordamos con añoranza. También podemos encontrar los títulos que nos marcaron de adolescentes y seguro están algunos libros de culto de los que no podemos despegarnos.

Cuando las personas aman la lectura todos los libros del mundo les parecen pocos. Y no importa que en el apartamento no exista espacio para estos libros, siempre aparecerán soluciones. Por eso en las casas de los lectores fervientes las paredes están repletas de libros y más libros. Tener una casa repleta de libros es una manera de presumir delante de los amigos que también aman la lectura. A muchas personas no les gusta prestar sus libros, pero a veces logran tranzar y hacer intercambios.

Es muy reconfortante pensar que nuestro paso por la vida terminará con un grupo de libros que legaremos a nuestros hijos y nuestros nietos para que aumenten su cultura y sean más libres.

Sin embargo, la gente muere, y con ellos a veces mueren sus libros. Tal vez esta es la causa de que los libros aparezcan una mañana en la basura. Nadie está obligado a conservar las cosas que fueron de otros. Pero en el caso de los libros arrojarlos a la basura es como un genocidio. Siempre hay mejores opciones, desde regalarlos a los amigos hasta donarlos a una biblioteca pública. Incluso donarlos a un centro penitencia puede ser una opción a tener en cuenta.

En fin, que cuando de libros y bibliotecas se trata lo único que no se puede contemplar es la posibilidad de echarlos a la basura.

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